Vamos hoy con una miniserie británica, un drama político de esos en los que la ambición está por encima de todo. El poder es una droga, una de las más adictivas. Tanto es así que alguien que haya caído en sus redes puede estar dispuesto a todo por conseguir una dosis mayor, incluso a cumplir con esa ley de la que todos reniegan de boquilla pero que convierten al final en su mantra de buena gana: el fin justifica los medios.
